De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



viernes, 31 de diciembre de 2010

Capitulo V

Don Quijote, molido por los golpes del capítulo anterior, no puede levantarse y, para justificarse a sí mismo su estado y distraerse un tanto, se imagina vivir nuevas aventuras fantásticas. Ahora recurre a las historias cantadas en los romances . Amplía Cervantes la referencia paródica a otro de los géneros más en boga en el momento y que, como la caballeresca, se basaba en el relato de una historia no más verdadera que los milagros de Mahoma, como dice al inicio de este capítulo. La locura de don Quijote es de raíz libresca y crecimiento fantástico: parodiar estas obras, por lo tanto, debe hacerse desde el realismo. En el delirio, lo encuentra un vecino de su pueblo que viene de hacer una cosa tan cotidiana como llevar trigo al molino y lo intenta traer al mundo real llamándolo -por primera y única vez en la Primera Parte-, por su nombre auténtico, dado que él sí lo conoce, a diferencia de nuestro poco fiable narrador:

-Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.

Pero don Quijote responde con una de las más bellas frases de todo el libro:

-Yo sé quien soy -respondió don Quijote-; y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los Nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías.

Yo sé quién soy pero también que puedo ser cualquiera. He aquí el espíritu que anima a este hidalgo: afirmación de sí mismo que le lleva a explorar el mundo de una manera diferente a la que se espera de su condición; declaración radical de vivir la vida en libertad personal y confianza en sí mismo; huida del timorato sentido común para explotar en riesgo el camino que se abre delante de él. Mientras no pierda este aliento, don Quijote seguirá su aventura, nadie podrá frenarlo y, ante sus ojos, el mundo adquiere una nueva forma para ser entendido.

El resto del capítulo sirve para presentarnos a cuatro personajes de la novela: el cura y el barbero de su aldea, el ama de su casa y su sobrina. Aquí son presentados en grupo, como la referencia doméstica del hidalgo -son su familia, sus amigos-, lo que le ata a su vida anterior de cordura y actitud calmada, sin las características individuales que adquieren después.

Yo sé quien soy -respondió don Quijote-; y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los Nueve de l

Para reflexionar. Las palabras que titulan este post y la maravillosa prosa cervantina que sigue ; “historia sabida de los niños, no ignorada de los mozos, celebrada y aun creída de los viejos; y, con todo esto, no más verdadera que los milagros de Mahoma”.
Esta última irreverente expresión, (tendría problemas en la actualidad), junto con el hecho de que sea un cura el que esté dispuesto a quemar los libros del hidalgo nos indican la clase de persona que debía ser Cervantes en su relación con las dos religiones dominantes de la época y en la zona.
La quema de libros, una constante histórica ,parece que ya se hacía en la España del XVII. Recuérdese que es el motivo central , imagen símbolica de esa gran obra de Manuel Rivas situada en A Coruña Los libros arden mal.
Situos que hablan del Quijote:
http://laacequia.blogspot.com/2008/06/primer-regreso-al-hogar-cap-15.html#ixzz19hmJLsUw
Juan Luís García
http://sebuscanlectores.blogspot.com/2008/06/velando-armas.html

Lectura visual de Javier García Riobó
http://jgriobo.blogspot.com/search/label/quijote

Capítulo V. PREGUNTAS



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jueves, 30 de diciembre de 2010

"Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulc

Don Quijote se cree ya caballero. Al alba decide volver a su aldea para seguir el consejo del ventero, aprovisionarse y tomar como escudero a un pobre vecino suyo, labrador con hijos. Esta primera referencia a Sancho Panza es muy útil para comprender el juego entre realidad y ficción del hidalgo: sabe que su vecino no reúne ninguna de las características que debe tener un escudero. Pero él tampoco es un caballero andante.
La historia de Juan Haldudo, labrador rico, y su criado, Andrés, enfrenta a don Quijote con la realidad de su tiempo: el amo azota al criado como cosa suya (recordamos la abundancia de palizas que sufre Lázaro). Cervantes mezcla la parodia de caballerías con la narración folklórica -lo volverá a hacer-. El hidalgo -por lo tanto, superior en rango social-, ejerce más que de caballero -aunque parte del diálogo parodia encuentros similares de las novelas de caballería- de juez de paz y sentencia a partir del sentido común que, al pobre mozo, se le pague la deuda y se le deje libre. Claro que, como acepta la palabra del labrador creyéndole hombre de bien, causa más daño a Andrés, al que su amo vuelve a atar y golpear al desaparecer don Quijote. Nada más crudo que el comportamiento habitual del ser humano para que nos dejemos de literaturas. Como volveremos a saber de Andrés, comprenderemos que el pobre muchacho ha aprendido la lección del mismo modo que la aprenció Lázaro: solucionar uno mismo los problemas asegurándose de que el resultado de la demanda no se vuelva en contra.
Don Quijote llega a una encrucijada de caminos y, a imitación de los caballeros andantes, deja que sea su caballo el que decida el camino. Rocinante, que no sabe nada de novelas, se deja llevar por la querencia. Este azar le depara La segunda aventura. El encuentro con los mercaderes toledanos a los que reta, al estilo de las novelas, impidiéndoles el paso si no juran que Dulcinea es la más hermosa de todas las damas. Uno de ellos, más burlón y conocedor de los relatos caballerescos, entra en el juego y le provoca, por lo que don Quijote arremete contra él. Ya sabemos cómo termina el caso: Rocinante tropieza y da con su amo en el suelo, sin poderse levantar y a merced del mozo de mulas de los de Toledo, que rompe la lanza del hidalgo sobre sus costillas y lo golpea hasta que se cansa. Obsérvese que, en esta primera paliza que recibe el protagonista, se parodia también el sentido caballeresco de romper lanzas (hay muchos juegos de este tipo en toda la novela) y se rebaja cruelmente el gozo de don Quijote. Sin embargo, éste lo acepta como un lance propio de los caballeros andantes puesto que aun no es hora de cansarse de que la realidad se empeñe en demostrar su fuerza.
Hay, en el capítulo, una sabia medida de contraste de emociones: por una parte, la felicidad del protagonista; por otra, la constatación de que, incluso cuando triunfa, la realidad lo derrota. Don Quijote parece que sólo puede vencer en la utopía. Y hay otra cosa que, en todas mis lecturas, me ha llamado la atención, el uso de un refrán que incide en que cada persona se hace a sí misma con sus actos:
-Mire vuestra merced, señor, lo que dice -dijo el muchacho-, que este mi amo no es caballero ni ha recebido orden de caballería alguna; que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar.
-Importa poco eso -respondió don Quijote-, que Haldudos puede haber caballeros; cuanto más, que cada uno es hijo de sus obras.
No será la única vez que Cervantes use esta afirmación o similares. Por acumulación de frases de este tipo y contexto, ha sido puesta en relación con la doctrina erasmista que había que disimular a principios del siglo XVII .

Capítulo IV. Preguntas.



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Relaciona con Lázaro de Tormes la siguiente frase de Don Quijote; Importa poco eso -respondió don Quijote-, que Haldudos puede haber caballeros; cuanto más, que cada uno es hijo de sus obras.

martes, 28 de diciembre de 2010

Capítulo III, 1

Todo este capítulo se construye como parodia de la ceremonia en la que los caballeros andantes eran armados caballeros: en vez de castillo, venta; en vez de castellano heroico y noble, ventero pícaro y socarrón; en vez de damas de alta alcurnia, prostitutas. Incluso la noche de vela de armas en una capilla queda reducida a unas horas en un patio, junto a un pozo. El libro ritual no es más que uno que sirve para asentar la cantidad de paja y cebada de los arrieros que pasan por la venta.
Nada es, pues, lo que se requería. Y he aquí una de las circunstancias esenciales de la novela: Don Quijote no es ni será caballero andante, pero, gracias a su locura y ánimo, conseguirá ser tratado como tal, aunque sea para reírse de él. El protagonista, pues, necesita la ficción para creerse caballero y poder salir al mundo. Y llega a ser tal la fuerza de la narración que el lector, pasando las páginas, se olvidará de esta carencia del protagonista.
Hay varias cuestiones reseñables en el capítulo. Sin duda alguna, la primera es su evidente comicidad. Asistimos a los primeros golpes -que aquí el viejo don Quijote da a dos fornidos arrieros-, y la primera trifulca de grupo provocada por la acción del hidalgo. Estas peleas y golpes de la novela se han tenido siempre como la fuente inicial de la risa en el lector.

Capítulo III, 2

Cervantes mezcla modalidades narrativas, de moda en esa época, subordinándolas primorosamente a la línea central y a la ficción realista de la historia de don Quijote. En mitad de la Mancha enfrenta un personaje que imita a los héroes de las novelas de caballerías con otro que procede directamente de la picaresca ,el ventero es un pícaro ,pertenece al mundo que hemos visto en El Lazarillo, no hubiera desentonado en otra de las obras de Cervantes, la novela corta; Rinconete y Cortadillo. A ese mundo de la picaresca pertenecen las dos prostitutas -la Tolosa y la Molinera-, hijas, respectivamente de un remendón y un honrado molinero ,molinero era el padre de Lázaro, la sola mención del oficio remite a gente de poco fiar y con escasa fortuna en sus matrimonios, arrieros otro tipo literario y folclórico con los que se debe guardar todo tipo de precauciones, etc. Esa venta no es un lugar recomendable, sin duda. Don Quijote sale triunfante de ese lugar , el ventero no quiere problemas y "colabora" en la ceremonia de investidura. Entra en la locura del hidalgo por diversión y por miedo a mayores altercados.Al ventero de deben los consejos para ajustar la locura libresca de don Quijote al mundo real: que no volviera a salir a la aventura sin dinero, camisas limpias, botiquín de emergencia y un escudero.
La Tolosa también intenta imitar las fórmulas de estas ceremonias, a ella se deben ,con toda su crueldad, ironía y ternura estas palabras:
-Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero y le dé ventura en lides.

sábado, 25 de diciembre de 2010

viernes, 24 de diciembre de 2010

Capitulo 2. I

En su Primera Salida, don Quijote sabe que de quien tiene que ocultarse es de los familiares y amigos, como si fuera un niño pillado en falta. Es parte del juego paródico. Es la dualidad entre el arrojo y el temor de DQ. Por una parte se siente un héroe, siente que es imprescindible que actúe ya, pero se echa al camino por "la puerta trasera de un corral", como si tuviera miedo de ser descubierto, e inmediatamente "le asaltó un pensamiento terrible" al recordar que no ha sido armado caballero y por lo tanto "ni podía ni debía tomar armas con ningún caballero" llegando a dudar de su cometido. No es sino su locura la que le hace seguir adelante. El viejo hidalgo sabía de lo extravagante de su decisión.
Don Quijote se echa al camino en el Campo de Montiel, una ruta real que podemos seguir, viajando junto a él en un mapa de España. Geografía concreta, a diferencia de la narrativa que parodia, por la que dará vueltas en gran parte de sus aventuras. Don Quijote es, en gran medida, una novela de viaje, de aventuras reales sobre un espacio determinado y en el pleno verano que, en estas tierras, es presidido por un sol inmisericorde que ayuda a derretir más los sesos del pobre hidalgo. Sin embargo, este espacio y este tiempo concretos adquieren un valor simbólico: el de la voluntad de trasformar el mundo por alguien que debería estar retirado en su casa según las convenciones sociales, debido a su edad y su trastorno, y que da nueva mirada a todo lo que le va sucediendo, las personas con las que se encuentra y los paisajes que ve. Porque en la locura de Don Quijote hay un doble matiz: por un lado el de un esfuerzo que debería ser el de todos pero que, por no serlo, lo convierte en extravagante; por otro, el de la trasformación del mundo real a la medida del juego literario en el que consiste que nuestro protagonista no distinga entre realidad y ficción (¿o quiera no distinguir?).

Capítuli 2, II

Aqui oímos hablar a Don Quijote, dictando a su futuro narrador, lo que nos hace regresar a la importancia de quien nos narra el relato, y cuya complejidad aumenará cuando, líneas más adelante, se nos diga que no está clara la historia de este personaje, que anda ya en crónicas, puesto que no se sabe bien cuál es su primera aventura: volvemos al narrador del que debemos desconfiar y que aun no nos ha mostrado todas sus cartas.
Este monólogo de Don Quijote, que sale solitario al mundo en esta primera ocasión, es una brillante manera de mostrar sus carencias. En primer lugar, alguien que habla consigo mismo y más de esta arcaica manera, demuestra no estar muy equilibrado ni siquiera como personaje literario: quien monologa así evidencia que su juicio no está muy sano y que necesita alguien que le dé réplica. Pero éste no puede aparecer aún, por la sencilla razón de que o participa de esta locura (lo que reduciría el efecto de la pareja protagonista) o se dará cuenta de algo fundamental del texto: Don Quijote no ha sido armado caballero y, cuando lo sea, ocurrirá en una falsa ceremonia. Por lo tanto, su acompañante, aquel que le dé la necesaria réplica, no puede aun aparecer.
Pero ya se anuncia que los personajes se nos irán haciendo no sólo con sus acciones sino también con sus palabras: ésta es otra de las claves de la modernidad de la novela. Tanto o más que lo que nos dice ese narrador al que ya miramos de forma avisada, es importante lo que pasa delante de nosotros: acción y palabra.
En el camino, Don Quijote encuentra una venta que él trasforma en castillo porque así lo quiere su impulso de ver el mundo con las normas de sus novelas y su necesidad de ser armado caballero y todos los personajes que allí halla son idealizados de la misma manera: desde las prostitutas hasta el ventero. Y con ellos asistimos por primera vez a las reacciones que despierta su figura, de gran interés para comprender lo que va a pasar más adelante: hay gente que se niega a entrar en la locura del hidalgo pero la mayoría, de una manera o de otra, le sigue el juego. Habrá varios motivos: cariño, diversión, sorpresa, la propia locura, etc. Los de esta venta, tras contener la risa, comienzan a trasformar su propia vida en vida libresca, descansan de sus quehaceres o de sus miserias, como hacemos los lectores, y deciden entrar en el mundo de esos caballeros andantes de los que han oído hablar en los relatos orales, en los romances, en las lecturas colectivas de las novelas.
Siempre me ha llamado la atención este poder de trasformación del entorno de Don Quijote, no tanto porque él quiera ver las cosas a su manera sino porque casi todos con los que se va encontrando en su caminar, caen en el apasionante juego de la fantasía.
Nuestro hidalgo ya se nos ha echado al camino antes del amanecer, ha pasado un día entero bajo el pleno sol de julio y llega, cuando anochece, sin mayores sobresaltos que la fatiga y el hambre, a una venta en la que medio percibe que se ríen de él, pero no le importa. Y, como era viernes, come bacalao en compañía de unas doncellas y un castellano sin poderse quitar la grave preocupación de saber que no ha sido armado caballero y, por lo tanto, le están vedadas las grandes aventuras que desea cometer.

martes, 21 de diciembre de 2010

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¿Qué impedimentos, aparentemente insalvables tiene el protagonista, Don Quijote? para desarrollar sus deseos.
Don Quijote , modifica el modo de comportamiento de los otros personajes. Explícalo en este capítulo.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Capítulo I

-. En la famosa primera frase (En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor) y en los párrafos que le siguen, se explota al máximo la figura del narrador inicial que vimos construir en el Prólogo: alguien poco fiable. En primer lugar, porque no lo sabe todo del protagonista (por ejemplo, su nombre) y algunas cosas que sabe (su lugar de origen) se las reserva. Otras, nos las da con detalle, por ejemplo los medios de los que dispone el Hidalgo.
La descripción del héroe , como en El Lazarillo, parte de un mundo de antihéroes: la realidad de un pueblo manchego en los tiempos próximos a la narración (no ha mucho): en el que vive un hidalgo, como muchos en esos tiempos, que tiene un buen pasar sin excesos, una vida cómoda y ordenada apropiada a sus rentas. Todo eso, ya lo han dicho muchos estudiosos, es una consciente preparación paródica de la descripción del protagonista como contraste de los caballeros andantes que se encuentran en los libros que consume con avidez. Porque esta es la única pasión conocida de este viejo -para la época, muy viejo- hidalgo: leer historias fantásticas, plagadas de inverosimilitudes. La historia de Don es historia de libros: el protagonista lee con tanto exceso que cae en una extraña locura que le hará no poder distinguir entre la ficción y la realidad. Y en esa locura concibe el plan de imitar en su mundo lo que ha leído en las novelas de caballeros andantes que consume en largas noches en vela. Podríamos llegar a pensar que la lectura, a Don Quijote, lo salva de la vida previsible que le espera cada día. Todo un elogio de los libros que aun tiene sentido.
Pues ya tenemos creado un héroe en un mundo necesitado de ellos, sin duda

Notas para el capítulo I

La primera gran dificultad que tenemos con Don Quijote es su locura , Así lo dice Cervantes -rematado ya su juicio. En ocasiones este narrador tan poco fiable nos permite atisbar que la locura de Don Quijote es una decisión personal, una aventura voluntaria en la que vive la vida que le gustaría, un acto de libertad : por eso nos sigue atrayendo hoy en día. En este mismo capítulo, al elegir las armas y romper la primera vez la celada con un solo golpe, no quiere probar de nuevo porque, sin duda, sabe que se volverá a estropear.
Pensemos un poco en esto: en un mundo anodino, un viejo al que ya sólo le resta esperar la muerte según el orden lógico de las cosas en su tiempo (como cabría pensar del mismo Cervantes, por otra parte), decide arrojarse a la aventura para cambiar la sociedad, para que sea más justa. Y, a pesar de sus golpes y fracasos, consigue que un puñado de personas con las que se irá encontrando a lo largo de su viaje modifiquen su forma de vivir y, aunque vean en él un loco estrafalario, comprendan lo bueno de su empeño. De hecho, a su muerte, habrá un grupo de personajes a los que la vida les ha cambiado, sin duda, a mejor. Es uno de los muchos mensajes optimistas de la novela.
Pues así lo tenemos a este hidalgo, una vez decidido a la locura, limpiando y componiendo unas armas viejas y, en parte, inservibles, dando nombre heroico a su pobre caballo (antes que a sí mismo): Rocinante. Después, busca el suyo propio, a la manera de los caballeros de sus novelas: Don Quijote de la Mancha. Pero he aquí otro de los guiños paródicos: los lugares de las novelas de caballerías son reinos fantásticos, la Mancha es real, tan real que su paisaje llega a metérsenos por los ojos en estas páginas y podemos seguir con el dedo sobre un mapa el itinerario de su viaje.
Y, para completar la caracterización, debe buscar dama porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma y, tras oírlo hablar por primera vez (una de las grandezas de este libro son los diálogos, que ayudan a la acción y caracterizan a los personajes), se acuerda de una moza de el Toboso de la que estuvo enamoriscado, de muy buen parecer, Aldonza Lorenzo, a la que llamará Dulcinea. Este personaje ausente, uno de los más interesantes de la novela y será descrito en varias ocasiones.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Poesías paródicas

Hay 10 composiciones poéticas escritas en ese tono paródico y adjudicadas a personajes tales como Urganda la desconocida, Amadís de Gaula, Don Belianís de Grecia, la señora Oriana, Gandalín (escudero de Amadís), el Donoso (poeta entreverado), Orlando furioso, el Caballero del Febo y Solisdán. Excepto este último, que no ha sido bien identificado puesto que hay dudas sobre si se trató o no de errata de imprenta, y el poeta entreverado (que algunos han señalado como Gabriel Lasso de la Vega, posible autor de estos poemas según Bataillon), todos ellos son personajes literarios, no reales, y nos introducen en el mundo de los caballeros andantes.
Al atribuir la autoría a estos personajes, Cervantes pone a su Don Quijote a la altura de todos ellos. Pero, sobre todo, incide en una de las claves de lectura de todo el libro: las fronteras entre realidad y ficción y lo verosímil y lo fantástico. Por otra parte, como en algunos versos, al hablar de cosas del Quijote, se contienen diferencias con respecto a lo sucedido, se incide en otra cuestión capital del libro: muchas veces cabe dudar de lo que sucedió (recordemos que el narrador no es fiable) y podemos tener versiones diferentes de los hechos, como en la vida misma.
Los poemas son formas de moda en la época: los de cabo roto (que rompen la palabra al final de un verso y la continúan en el siguiente, para demostrar mejor dominio del artificio poético y crear un distanciamiento literario en la lectura o recitado, aquí usado, como se puede entender, como parodia de la moda) y el soneto. En todos llama la atención la ampulosidad retórica a la hora de hablar de don Quijote, Dulcinea o Sancho.
El divertido juego que se esconde en estos poemas culmina en el soneto final, con el famoso Diálogo, propio del mundo de la fábula, entre Babieca, el soberbio caballo literario del Cid, y Rocinante, contrafigura de caballo. Aquél tras preguntarle por la razón de su flaqueza le vendrá a regañar por quejarse de su amo. Entre ambos está la distancia entre el mundo heroico y la realidad más cierta .

sábado, 11 de diciembre de 2010

Prólogo I

Es ya nuestro tercer Prólogo, como en las obras anteriores, Celestina y Lazarillo, encontramos aquí al personaje delnarrador y la declaración de intención de la obra. El prólogo , como género, había nacido en Grecia, se había consolidado en Roma .En las literaturas europeas medievales llega a convertirse en una tradición. .Ahora, en el Renacimiento ,el prólogo contribuira a crear una verdadera atmósfera de ficcionalidad en tanto que se interpone entre el lector y la obra y de esta manera establece un diálogo entre el autor y el lector .
Casi todos los estudiosos que han reflexionado sobre el prólogo a la primera parte del Quijote destacan tres aspectos ;
1. La lectura del Quijote, según el prólogo, exige un “desocupado lector”. Nuevo estatuto del lector, antes no reconocido. Aquel lector crítico, avisado, con tiempo de pensar. La ironía y el deslinde, con las dos primeras palabras del prólogo, “desocupado lector”, es la manera de Cervantes de colocar a un lado la formula del “ritual y deferente” recurso de “curioso lector”. Se dirige así el escritor a aquel que dispone de tiempo para leer y está libre de prejuicios preceptistas y de cánones dominantes”
2. Al lector que se ocupe del libro sólo se le promete “entretenimiento”. Adviértase que un ningún momento se le sugiere “enseñanza”. Entretenimiento que implica que al leer dicha historia “el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla”. El nuevo lector será, entonces, múltiple y diverso.
3.- El lector elegido se encuentra en total libertad para “juzgar” y “valorar” la obra que aborda: “. . . tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado, y estás en tu casa, donde eres señor della, como el rey de sus alcabalas, y sabes lo que comúnmente se dice, que debajo de mi manto, al rey mato. Todo lo cual te esenta y hace libre de todo respeto y obligación, y así puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres della
El Quijote es una obra maestra, entre otras cosas, porque dentro contiene muchas elementos que permiten lecturas diversas, todas ellas válidas y sorprendentes, y podemos entrar en ella como si quitáramos las capas de una cebolla: es una obra de humor, una lección de buen gobierno y de civismo, la sabia introducción de la heterodoxia sin que revienten las costuras de lo políticamente correcto, el retrato costumbrista de la sociedad española de su época, la construcción de dos arquetipos antropológicos dotados de verosimilitud, el virtuosismo del diálogo, un muestrario completo de todas las formas posibles de narración hasta el siglo XVII (y hasta nuestros días, si exceptuamos la narrativa de vanguardia) y su propia parodia.
Sin embargo, nada de todo lo enumerado tendría validez como novela unitaria sin algo previo: la construcción de la figura del narrador moderno como personaje visible pero escamoteado al lector no advertido, poco fiable pero el único que puede guiarnos por las páginas de la historia y ante el cual se necesita un receptor también moderno, que le siga pero con la mosca detrás de la oreja.
Ese narrador, que estará en la famosa frase (...de cuyo nombre no quiero acordarme...) se nos presenta en el Prólogo al lector

Prólogo II

El padre literario del Quijote es el historiador arábigo Cide Hamete Benengeli, una presencia llena de desdoblamientos y sesgos.
El prólogo, que es anti-prólogo, no surge por capricho del escritor que sabe ,muy bien, lo diferente que es la “historia” que cuenta . No desea ornato ni presumir de erudito y menos de doctrinario, de realizar acotaciones a los márgenes, de agregar anotaciones al final del libro, con la larga lista alfabética de autores remitentes. Al amigo, “gracioso y bien entendido”, el escritor-personaje confiesa sus dudas y preocupaciones y el narrador secundario va derribando cada uno de los argumentos problemáticos y lo realiza con una serie de consabidas y escolásticas citas no siempre correctas . El humor y la burla preside el prólogo y , la sátira punzante ,se dirige en primer lugar contra Lope de Vega y su pastoril Arcadia (1598) plagada de todos estes inútiles ornatos .
"Y pues esta vuestra escritura —dice el amigo al escritor— no mira más que ha deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías no hay para qué andéis mendigando sentencias de filósofos, consejos de la Divina Escritura, fábulas de poetas, oraciones de retóricos, milagros de santos, sino procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzásedes y fuere posible vuestra intención, dando a entender vuestros conceptos sin intricarlos y escurecerlos . . . En efecto, llevad la mira puesta a derribar la máquina mal fundada destos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados de muchos más; que, si esto alcanzásedes, no abríades alcanzado poco.

Preguntas. PRÓLOGO

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/cerv/05819441000514951869079/p0000002.htm#I_5_
Según el prólogo ¿ es fiable el narrador?
¿A qué lector va dirigido el texto?
El Quijote es un libro que parodia las obras de caballería. ¿Hay parodia en el prólogo?