De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



martes, 28 de diciembre de 2010

Capítulo III, 1

Todo este capítulo se construye como parodia de la ceremonia en la que los caballeros andantes eran armados caballeros: en vez de castillo, venta; en vez de castellano heroico y noble, ventero pícaro y socarrón; en vez de damas de alta alcurnia, prostitutas. Incluso la noche de vela de armas en una capilla queda reducida a unas horas en un patio, junto a un pozo. El libro ritual no es más que uno que sirve para asentar la cantidad de paja y cebada de los arrieros que pasan por la venta.
Nada es, pues, lo que se requería. Y he aquí una de las circunstancias esenciales de la novela: Don Quijote no es ni será caballero andante, pero, gracias a su locura y ánimo, conseguirá ser tratado como tal, aunque sea para reírse de él. El protagonista, pues, necesita la ficción para creerse caballero y poder salir al mundo. Y llega a ser tal la fuerza de la narración que el lector, pasando las páginas, se olvidará de esta carencia del protagonista.
Hay varias cuestiones reseñables en el capítulo. Sin duda alguna, la primera es su evidente comicidad. Asistimos a los primeros golpes -que aquí el viejo don Quijote da a dos fornidos arrieros-, y la primera trifulca de grupo provocada por la acción del hidalgo. Estas peleas y golpes de la novela se han tenido siempre como la fuente inicial de la risa en el lector.

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