De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



jueves, 16 de diciembre de 2010

Notas para el capítulo I

La primera gran dificultad que tenemos con Don Quijote es su locura , Así lo dice Cervantes -rematado ya su juicio. En ocasiones este narrador tan poco fiable nos permite atisbar que la locura de Don Quijote es una decisión personal, una aventura voluntaria en la que vive la vida que le gustaría, un acto de libertad : por eso nos sigue atrayendo hoy en día. En este mismo capítulo, al elegir las armas y romper la primera vez la celada con un solo golpe, no quiere probar de nuevo porque, sin duda, sabe que se volverá a estropear.
Pensemos un poco en esto: en un mundo anodino, un viejo al que ya sólo le resta esperar la muerte según el orden lógico de las cosas en su tiempo (como cabría pensar del mismo Cervantes, por otra parte), decide arrojarse a la aventura para cambiar la sociedad, para que sea más justa. Y, a pesar de sus golpes y fracasos, consigue que un puñado de personas con las que se irá encontrando a lo largo de su viaje modifiquen su forma de vivir y, aunque vean en él un loco estrafalario, comprendan lo bueno de su empeño. De hecho, a su muerte, habrá un grupo de personajes a los que la vida les ha cambiado, sin duda, a mejor. Es uno de los muchos mensajes optimistas de la novela.
Pues así lo tenemos a este hidalgo, una vez decidido a la locura, limpiando y componiendo unas armas viejas y, en parte, inservibles, dando nombre heroico a su pobre caballo (antes que a sí mismo): Rocinante. Después, busca el suyo propio, a la manera de los caballeros de sus novelas: Don Quijote de la Mancha. Pero he aquí otro de los guiños paródicos: los lugares de las novelas de caballerías son reinos fantásticos, la Mancha es real, tan real que su paisaje llega a metérsenos por los ojos en estas páginas y podemos seguir con el dedo sobre un mapa el itinerario de su viaje.
Y, para completar la caracterización, debe buscar dama porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma y, tras oírlo hablar por primera vez (una de las grandezas de este libro son los diálogos, que ayudan a la acción y caracterizan a los personajes), se acuerda de una moza de el Toboso de la que estuvo enamoriscado, de muy buen parecer, Aldonza Lorenzo, a la que llamará Dulcinea. Este personaje ausente, uno de los más interesantes de la novela y será descrito en varias ocasiones.

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