De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



lunes, 13 de diciembre de 2010

Poesías paródicas

Hay 10 composiciones poéticas escritas en ese tono paródico y adjudicadas a personajes tales como Urganda la desconocida, Amadís de Gaula, Don Belianís de Grecia, la señora Oriana, Gandalín (escudero de Amadís), el Donoso (poeta entreverado), Orlando furioso, el Caballero del Febo y Solisdán. Excepto este último, que no ha sido bien identificado puesto que hay dudas sobre si se trató o no de errata de imprenta, y el poeta entreverado (que algunos han señalado como Gabriel Lasso de la Vega, posible autor de estos poemas según Bataillon), todos ellos son personajes literarios, no reales, y nos introducen en el mundo de los caballeros andantes.
Al atribuir la autoría a estos personajes, Cervantes pone a su Don Quijote a la altura de todos ellos. Pero, sobre todo, incide en una de las claves de lectura de todo el libro: las fronteras entre realidad y ficción y lo verosímil y lo fantástico. Por otra parte, como en algunos versos, al hablar de cosas del Quijote, se contienen diferencias con respecto a lo sucedido, se incide en otra cuestión capital del libro: muchas veces cabe dudar de lo que sucedió (recordemos que el narrador no es fiable) y podemos tener versiones diferentes de los hechos, como en la vida misma.
Los poemas son formas de moda en la época: los de cabo roto (que rompen la palabra al final de un verso y la continúan en el siguiente, para demostrar mejor dominio del artificio poético y crear un distanciamiento literario en la lectura o recitado, aquí usado, como se puede entender, como parodia de la moda) y el soneto. En todos llama la atención la ampulosidad retórica a la hora de hablar de don Quijote, Dulcinea o Sancho.
El divertido juego que se esconde en estos poemas culmina en el soneto final, con el famoso Diálogo, propio del mundo de la fábula, entre Babieca, el soberbio caballo literario del Cid, y Rocinante, contrafigura de caballo. Aquél tras preguntarle por la razón de su flaqueza le vendrá a regañar por quejarse de su amo. Entre ambos está la distancia entre el mundo heroico y la realidad más cierta .

No hay comentarios:

Publicar un comentario