De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



martes, 11 de enero de 2011

Capítulo X

La trama no avanza, encontramos diálogo de dos personajes en mitad de un camino sin destino cierto: es la palabra en sí misma como acción.
Don Quijote y Sancho hablan, comentan los últimos acontecimientos de su aventura, dialogan manteniendo el carácter de la personalidad que les ha dado el autor y proyectan sus deseos. A través de sus palabras los vemos igual o mejor que a través de sus acciones.
Sancho se recupera de los golpes recibidos y asiste a los últimos lances de la batalla que su amo sostiene con el vizcaíno, ilusionado con la idea de ganar el gobierno de la ínsula prometida. Pero acepta -en esta ocasión, ya veremos lo que sucede cuando la historia avance-la explicación de que esta es una aventura de encrucijada en la que sólo hay golpes sin beneficio y que ya llegará el momento de obtener la recompensa adecuada. Después, ambos montan y, sin mirar atrás, retoman el camino.
Aquí es en donde apreciamos la creación del escudero en lo que vale: don Quijote necesita hablar porque la omnisciencia del narrador de esta novela no es la misma que la de la narrativa caballeresca que se parodia -y de la del resto de modalidades de relatos sometidas aquí a la criba cervantina-, en las que el narrador nos decía lo que debíamos ver, como si fuéramos lectores inmaduros, incapaces de participar en la lectura como parte esencial de la obra literaria.
- Sancho tiene miedo de la Santa Hermandad, a la que seguro habrán dado cuenta de la acción de su amo y comenzará a perseguirlos, por lo que propone acogerse a sagrado, pero don Quijote dice no temerla porque él, como caballero andante, no está sometido a su jurisdicción;
- don Quijote, vanidoso, quiere que Sancho confirme que no ha leído de ningún caballero tan valiente como él, lo que a Sancho no le cuesta ratificar, porque es analfabeto;
- ante el dolor de la herida en la oreja, don Quijote alaba las virtudes del bálsamo de Fierabrás, de efectos milagrosos y curación instantánea de cualquier herida, lo que Sancho pone en valor económico y aprecia más que cualquier gobierno de ínsula alguna, sobre todo al conocer lo barato de su fabricación;
- al ver rota su celada, don Quijote jura no comer a manteles, no folgar con mujer y otras cosas de las que ni se acuerda, a la manera del marqués de Mantua, cosa que le parece exagerada y fuera de todo sentido a Sancho;
- don Quijote, al sentir hambre, pide de comer y se conforma con la escasa y rústica comida que lleva su escudero en las alforjas, pero éste sólo tiene una cebolla, queso y unos mendrugos de pan.
Si analizamos todos los puntos de este diálogo, veremos que, en ellos, se dibujan, con ironía, los caracteres de los protagonistas, además de muchas referencias intertextuales. Por otra parte, nos remiten a episodios futuros, para los que preparan la mente de los lectores, en un tejido de hilos que permiten unir todos los capítulos de esta difícil obra en la que tantas cosas se suman, traen y llevan de forma continua.
El diálogo nos sirve para diferenciar el sentido común de Sancho, que sabe que han cometido un delito perseguible por la autoridad, frente a la altivez de don Quijote que, según su ensoñación caballeresca, se cree libre. Sin embargo, obsérvese la sutileza de Cervantes: don Quijote no admite que pueda someterse a la autoridad civil, pero se encamina a un lugar retirado -bosque, monte-. En consecuencia, no encuentran un pueblo en el que pasar la noche, sino un lugar habitado por cabreros: nos deja el capítulo a las puertas del tratamiento paródico de la novela pastoril en un juego de cajas chinas (una modalidad parodiada dentro de otra modalidad parodiada).
El analfabetismo de Sancho nos sirve para caracterizarlo y para jugar al contraste con su amo: la cultura libresca junto a la cultura tradicional. El mundo literario fingido por don Quijote junto al popular, en contraste y fricción permanente, influyéndose ambos y creando nuevas propuestas. Es toda una lección literaria de Cervantes.
Las referencias al bálsamo de Fierabrás retrotraen al lector a las novelas caballerescas, de las que procede. Pero en un contexto realista: a don Quijote le duele más de lo que debería la oreja cortada y, como no tiene a mano el tal bálsamo, se deja curar por su escudero como se hace en la vida real. Por otra parte, Sancho en seguida ve su utilidad crematística: es un producto milagroso que podría darle una fortuna con la que no necesitaría ser gobernador de ninguna ínsula.
El juramento de don Quijote proviene también de la literatura caballeresca, pero también puesto en un contexto que denuncia su exageración fantástica: Sancho sabe qué difícil será cumplirlo por aquellos caminos por los que no trascurren las aventuras, sino gente normal que va a sus ocupaciones. También tendrá consecuencias posteriores.
Vuelve a jugar el capítulo, de nuevo, con las referencias a la comida. Mal que le pese a don Quijote, tiene hambre porque él no es un caballero libresco sino real y necesita comer . El hecho de tener que comer de unos manjares tan rústicos entre los que hay unos mendrugos de pan nos llevan, por vía directa, al pasaje del Lazarillo en el que Lázaro debe dar de comer a su amo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario