De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



martes, 18 de enero de 2011

Capítulo XIV

Se ha leído este capítulo como un alegato de la libertad de la mujer para amar y decidir su destino sentimental. En efecto, esa es la literalidad de sus palabras y acciones. Sin embargo, en las expresiones que vierte, no deja de percibirse cierto contenido contrarreformista sobre la virginidad en la toma de esa decisión -podría ser tolerable la libertad de Marcela mientras no sea en lo sexual y su voluntad de no ceder a los deseos de su tutor le suponen apartese del mundo-.
Quizá por el contexto paródico del episodio, las palabras de Marcela, que inequívocamente afirman la libertad de los sentimientos de la mujer, no podemos esgrimirlas completamente como un manifiesto en pro de la mujer como persona con todos los derechos. Cervantes avanza mucho en este terreno, pero no deja de ser un hombre de su tiempo. No es conveniente hablar de feminismo -lo que sería anacrónico- para este capítulo.
Quizá todo esto se refleje, de alguna manera, en las reacciones que tienen los que oyen el alegato de Marcela. Por un lado, don Quijote toma, como caballero andante, su defensa, poniéndose de su parte y dictaminando la inocencia de la joven en la muerte de Grisóstomo.
En cambio, la mayor parte de los allí presentes hacen oídos sordos de las palabras de Marcela. Los que están enamorados de ella, pretenden seguirla para cumplir su carácter de pastores literarios y convertirse en otros Grisóstomos -con lo que Cervantes ironiza sobre un género en el que no existe el diálogo como intercambio verdadero de pareceres, a la manera antigua, que queda desarticulada después de la publicación del Quijote-. Lo vemos, definitivamente, en el hecho de que el epitafio que se va a colocar en la lápida de la sepultura siga afirmando la versión primera, que no tiene en cuenta, en absoluto, la argumentación de Marcela. Los que no son pastores fingidos, tampoco manifiestan su deseo de comprender a Marcela o apoyarla de alguna manera. Ni siquiera el curioso Vivaldo.
Don Quijote se despide de los presentes, con la intención de seguir a Marcela. Ya nos anuncia el narrador que no podrá hacerlo. No sólo porque otras aventuras le surgirán en su camino, sino también porque dejar la historia de Marcela sin la respuesta a tantas preguntas que puede tener el lector -¿qué pasará con la joven después?, ¿qué pasará con Ambrosio y los otros pastores fingidos que la siguen?- es parte de la opción técnica de Cervantes: las historias intercaladas se concluyen en un momento y no se agotan porque su argumento posterior ya no interesa tanto como interesaba su aportación teórica a la construcción de una novela moderna en conflicto con el resto de las modalidades narrativas del momento.

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