De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



jueves, 20 de enero de 2011

capítulo XVIII

Don Quijoteestá loco, ma non troppo, necesita justificar que no auxiliara a su escudero. No puede reconocer que su cuerpo dolorido le impidiera apearse del caballo y saltar la tapia de la venta, puesto que eso le rebajaría como caballero y refutaría los efectos del milagroso bálsamo. Por ello, recurre, como siempre, a sus libros de caballerías para transformar la realidad: estaba encantado, lo que le retrotrae, necesariamente, a volver a dudar de si aquel lugar es venta o castillo, a pesar de que ya hubo de reconocer la realidad venteril y salir sin abonar el pago de la noche. Estas idas y vueltas reflejan claramente la situación mental del personaje, al que le viene y va la locura producto, muchas veces, de la necesidad de vivir como si fuera caballero y el mundo se rigiera por la fantasía.
Sus palabras y las respuestas de Sancho dudando de la oportunidad de su salida del pueblo, llevan la conversación, de nuevo, a la razón del ser del mundo de los caballeros que, como sabemos, en don Quijote es libresca. Así las cosas, don Quijote necesita que pase algo y que pase lo antes posible para justificarse y convencer a su compañero. Y su razón trastornada encuentra un motivo en las nubes de polvo que levantan dos rebaños de ovejas .El caballero ha encontrado ya algo a lo que agarrarse y su emoción le lleva al disparate: describe a la perfección los dos ejércitos y sus principales combatientes. Incluso la razón de sus querellas. Todo ello en un alarde paródico de las batallas entre ejércitos de caballeros de las novelas de referencia.
Ya sabemos que Sancho ve la realidad e intenta, como en la aventura de los molinos, convencer a su amo, con el mismo resultado: ni los balidos, ni la indudable presencia de ovejas y carneros cambia la necesidad de aventura de don Quijote (ni el hecho de tener que agacharse para matarlos más de lo que debería hacer con unos caballeros).
La aventura acaba con don Quijote apedreado por los pastores quien, dándole por muerto, huyen. Sancho se acerca a prestarle ayuda y acaban los dos, en otra escena escatológica producto del bálsamo, vomitándose el uno al otro. La locura acaba anulada por el realismo más brutal: Cervantes aterriza la acción de golpe. Aun así, don Qujote insiste, porque ya ha encontrado el motivo que lo justifica todo: un encantador ha trasformado a los caballeros en ovejas y bastaría seguirlos para verlos recuperar su ser.
Sancho se olvida de sus quejas expuestas al inicio del capítulo e incluso del dolor que le causa ver que ha perdido las alforjas (robadas por el ventero) y auxilia a su amo, al que cuenta los dientes y muelas que han salido indemnes de la pedrea, e intenta consolarlo. En los pocos días que lleva con él, ya siente el suficiente cariño por ese viejo loco que lo ha sacado a trotar por los caminos.

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