De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



martes, 25 de enero de 2011

Capítulo XXVII

Obsérvese que lo que sucede a continuación ocurre sin la presencia de ninguno de los dos protagonistas de la historia principal y que acontece en una situación real en la que se parodia, por parte del cura y el barbero, la parodia caballeresca de don Quijote. Es en ese ámbito en el que nos hallamos en una propuesta que nos retorna a la literatura pastoril -que ya hemos visto en la historia de los cabreros y en el entierro de Grisóstomo-: el cura y el barbero escuchan, en la actitud pasiva propia de la literatura idealizada de los pastores -que se remeda aquí para superarla- unos ovillejos cantados por una voz tan bien entonada que los deja sin reaccionar.


La voz pertenece al perdido Cardenio, ahora recuperado de su ataque de furia. Ante la petición de ambos, termina su historia, suspensa páginas atrás. Démonos cuenta de que la narración se hace en primera persona, con lo que el perspectivismo de la historia se aumenta: Cardenio sólo puede relatarnos su visión de los acontecimientos porque es un narrador implicado en ellos, no omnisciente y que termina con el juicio alterado por el sufrimiento que le causan.


Así, sabremos que su amada Luscinda termina casándose en disoluble nudo con el traidor Fernando, que Cardenio huye del lugar y que, una vez solo, insulta a todos los que han participado en su desgracia, acaba loco y deseando la muerte que, sin amor, ya no tiene sentido.


De la historia sacamos varias conclusiones. En primer lugar, que Cervantes gira el relato pastoril hacia una nueva concepción de la novela sentimental, menos rígida, más realista y con mayor capacidad para ganar el ánimo del lector medio que los modelos de esta modalidad en los que se basa -sobre todo, la novela breve italiana-. Ya veremos, además, cómo extiende esta fórmula hacia unas fronteras que hasta entonces no se habían conseguido, implicándola, además, con la historia principal del Quijote y otras que se irán intercalando, complicando el enredo hasta un punto en el que parezca de imposible resolución natural.


En segundo lugar, que será la indecisión de los protagonistas la que provoque su situación. No hay violencia ninguna en la trama porque todo sale del carácter de Cardenio, Luscinda y Fernando: indecisos los primeros hasta la desesperación del lector y arrogante el segundo hasta la chulería y la traición.


Sin embargo, Cervantes nos da una pista de que no ha terminado aquí la historia: aparece el motivo de la carta hallada en el pecho de la desamayada Luscinda. ¿Qué habrá escrito en ella? Tendremos que esperar

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