De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



martes, 25 de enero de 2011

Capítulo XXVII

Como sabemos, en los primeros capítulos, había perfeccionado la técnica de crear interés para provocar que se siguiera con la lectura. Hace unas páginas, interrumpió de forma brusca -usando, para ello, la acertada caracterización de los dos locos- la historia de Cardenio y, ahora, nos la continúa sin anunciarlo en el título, cerrando el capítulo -y la tercera parte en la que se estructura la narración- con el aviso de que algo nuevo va a pasar y sin dejarnos ver el efecto que la desgraciada historia de Cardenio causa en sus receptores.
Pero antes hace desaparecer necesariamente a Sancho.
El cura y el barbero, informados de todos los acontecimientos ocurridos en la venta y que les había callado su vecino, ponen en práctica su idea de rescatar a don Quijote a través de una argucia propia de la novela caballeresca: el cura -ya dijimos la risa irónica con la que se leería esto en el siglo XVII- se disfraza de doncella y el barbero de su paje. Vemos, por lo tanto, que ellos mismos se han dejado atrapar por la ficción de don Quijote, aunque sea para devolverlo a la aldea.
Al salir de la venta, el cura cae en la cuenta de lo ridículo e indecoroso de su disfraz y convence al barbero de cambiarse los papeles. Pero antes, Cervantes deja que Sancho estalle en una risa festiva al verlos: risa que expresa la de todos los lectores.
En busca de don Quijote, llegan a un punto en el que Sancho les convence de que es mejor que sea él solo el que saque a su amo de aquella situación y que después salgan a su encuentro. Más adelante sabremos que sus motivos son otros y tienen más que ver con el hecho de no haber cumplido su encomienda.

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