De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



domingo, 30 de enero de 2011

Capítulo XXX

Una vez que don Quijote se ha sometido a la ficción que le han fabricado entre el cura, el barbero y Dorotea -triste burla de quien salió al mundo a vivir sus propias aventuras- y acepta ayudar a quien piensa princesa del reino Micomicón, queda aún entretener el camino de regreso con las conversaciones que vayan enriqueciendo la mentira. Y de una nacen otras.
En primer lugar, se remata el final de la reprimenda del cura por la liberación de los galeotes. Ante el silencio de su amo, Sancho confiesa los hechos y la culpabilidad de don Quijote, quizá para evitar que lo culpen a él. Esta intervención de su escudero provoca el primer enfado, en este capítulo, de don Quijote.
Como éste le pide a Dorotea que explique los pormenores de su desgracia, la joven hila un argumento plagado de referencias a los libros de caballerías (y a otros de diversa modalidad, como el Lazarillo) pero que, en el fondo, es una trasposición literaria de su propia historia: el gigante Pandafilando de la Fosca Vista se ha interpretado como un reflejo de don Fernando.
He aquí otro magistral giro narrativo de Cervantes, que vincula la solución de toda la trama de amores intercalada y protagonizada por Cardenio, Dorotea, Luscinda y Fernando, a la resolución de una historia fantástica, la de la princesa Micomicona, en la que debe intervenir -y así lo hará- nuestro caballero de ficción. Historia que ha sido inventada, inicialmente, para rescatar al propio don Quijote de su locura. Un cruce de realidad y literatura expresado y zurcido por el deseo subconsciente de la propia Dorotea, que vuelve a demostrarse una extraordinaria narradora.
Dos deslices hay en las palabras de Doroteaque han llamado la atención de los críticos: hacer a España una parte de La Mancha y decir que Osuna es puerto de mar. Algunos han interpretado que no es más que un chiste de Dorotea para jugar con don Quijote; otros, que la joven confiesa así, sin darse cuenta, el lugar en el que han sucedido sus tristes acontecimientos; por último, también se ha dicho que Cervantes pretende dar un giro realista a la caracterización de Dorotea puesto que es una mujer que ha vivido siempre en las posesiones de su familia y no ha recibido más que la mejor de las educaciones destinadas a las hijas de familia rica pero sin grandes conocimientos culturales.
Lo más probable es que Cervantes juegue con la geografía como lo hace con los registros literarios. Mezclando la geografía fantástica del reino Micomicón, al estilo de los libros de caballerías, con la real que propone en don Quijote, distorsiona el espacio en la mente de Dorotea quien, además, trasmuta en ficción los lugares de su propia historia.
Tras las palabras de Dorotea, don Quijote y Sancho se enzarzan en la oportunidad del matrimonio con la princesa en vez de con Dulcinea. Las afirmaciones de Sancho, que no ve mayores problemas en aceptar la mano de la princesa o, incluso, casarse con las dos, salen de su propio interés para conseguir beneficios económicos. Provocan la indignación de don Quijote, que le grita y golpea, de nuevo, como sucedió tras la historia de los batanes.
Se inserta aquí un párrafo que, los que tengáis el texto de la primera edición, no habréis visto. Consiste en unas líneas en las que se narra la recuperación del rucio de Sancho, quien lo distingue a lo lejos, montado por Ginés disfrazado de gitano. Existe un consenso generalizado en los estudiosos sobre la autoría cervantina de este párrafo que debió insertarse tras las correcciones llevadas a cabo en la segunda edición para explicar el desbarajuste del robo del asno que se omitió en la primera edición tras cambiar de lugar algunas partes de la novela, como ya dijimos. Según este consenso, Cervantes no tendría previsto volver a hablar del pobre animal (que, de hecho, se menciona muy poco en el resto de la Primera parte), pero tanto arreglo y desarreglo, le llevaron a explicar, sucintamente, la recuperación. Y, de paso, nos devuelve momentáneamente a Ginés disfrazado y con don de lenguas.
Cierran el capítulo dos conversaciones paralelas. Por una parte, el cura, el barbero y Cardenio, alaban la habilidad de Dorotea para construir la narración -lo que es un elogio metaliterario del propio relato.
Por otra, don Quijote y Sancho inician un diálogo que construirá una nueva ficción de gran trascendencia para el resto de la novela y para toda la futura relación entre ambos personajes. Sancho va a mentir a su amo y, para ello, a imitación -sin saberlo- de Dorotea, construye un relato de su encuentro con Dulcinea para entregarle la carta de amor de don Quijote. La mejor carta de amor escrita nunca queda así, de nuevo, rehecha.
Al pobre don Quijote cada vez le queda menos margen en la construcción de su propia ficción caballeresca. Los demás han aprendido las normas del juego demasiado pronto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario