De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



domingo, 30 de enero de 2011

Capítulo XXXI

Hay muchas formas de afrontar la composición de un personaje.
En contra de lo que nos parece, Cervantes se distancia de don Quijote para mirarlo desde muchas perspectivas y no todas son amables, por eso, nos da los datos suficientes como para recibirlo tal y como es: un personaje complejo.
En este capítulo podemos ver un don Quijote loco rematado o un don Quijote que se empeña en construir su sueño para no matar su ficción; el que se vanagloria de sus hechos y el que es humillado por la realidad; el que es suave y lírico y razonable y el que, por el contrario, no duda en usar la violencia contra los débiles e inferiores (su criado, un muchacho).
Cervantes no quiso esconder toda esta pluralidad porque, en primer lugar, era parte sustancial de su caracterización y, en segundo lugar, porque sabía que estaba construyendo un personaje de acuerdo con unas bases reales y no idealizadoras como sucedía en los géneros que parodiaba.
Por eso mismo, hemos asistido a otra maravillosa lección en este capítulo: la del recuperado Andrés. Este muchacho, débil y desvalido en los primeros capítulos, que se acoge ingenuo a la ensoñación de la justicia que le presta don Quijote, ha aprendido una dura experiencia de vida. Y de ese aprendizaje surge su madurez y su decisión de encontrar su lugar en el mundo: irá a Sevilla, en una velada alusión a la picaresca -su forma de elogiar para luego criticar, su forma de dar pena para conseguir comida, su despedida precipitada tras los insultos, el guiño con el lugar en el que sucede su Rinconete y Cortadillo-.
Andrés sabe que él no puede jugar a las caballerías, que a él le queda por delante la dura vida de un muchacho sin recursos en la España del momento. En los días que han transcurrido desde que se encontró por primera vez con don Quijote ha aprendido de su experiencia y tomado el mando sobre su vida. Aunque le hemos cogido cariño a don Quijote, comprendemos a Andrés.

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