De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



lunes, 31 de enero de 2011

Capítulo XXXV

El final de la lectura de la novela del Curioso impertinente, nos deja frente a una gran variedad de temas ofrecidos por Cervantes: morales y literarios.
El mismo autor lo expresa en la intervención del cura, que alude a la inverosimilitud de que un marido ponga en esa situación a su mujer y su mejor amigo, a la vez que alaba la excelencia del estilo en la que está narrada la historia: es decir, por una parte, rechaza la construcción del motivo central como poco creíble y, por otra, alaba el estilo, como ya había sucedido con alguna de las obras de la biblioteca de don Quijote. Sin embargo, observemos que aquí no hay condena, ni siquiera moral. Y la razón viene dada por el género al que se adscribe este texto, que no es fantástico sino realista.
Pero no debemos quedarnos tan solo con el juicio del cura, entre otras cosas, porque si de verdad, como se ha propuesto, la voz del cura fuera la de Cervantes, no hubiera publicado esta novela, tan inverosímil según su apreciación...
Como hemos dicho, la inserción de esta novela ha sido criticada por algunos, molestos porque se aparta argumentalmente de la historia principal, con la que no se entrelaza. Sin embargo, esto no afecta a los lectores que se dan cuenta de que en el Quijote no sólo hay argumento (es decir, las historias de un viejo que hace cosas de locos), sino toda una estructura compleja en la que se tensionan las más importantes formas narrativas del momento para, finalmente, transgredirlas desde dentro.
Así sucede con esta novelita que comienza siendo una historia al estilo de Boccaccio y sus imitadores renacentistas para, tras un primer final (la comedia representada por Camila ante el marido engañado), girar hacia el barroco y la tragedia con las muertes de los tres protagonistas.
Sin embargo, Cervantes se distingue -quizá porque, dada su edad y su experiencia italiana, había sido formado en otro ambiente que los autores más jóvenes que él- del conflicto de la honra barroco prototípico y vuelve a girar la narración para darle una solución serena: los tres -marido burlado, mujer adúltera y amigo traidor-, mueren por remordimientos, sin derramamiento de sangre, sin que nadie, más que ellos mismos, castigue sus acciones.
Es más, Anselmo perdona, expresamente, a Camila. Anselmo sabe que su locura -y no el tópico de la fragilidad de la mujer- es la que ha causado su propia deshonra y la destrucción del pequeño mundo ordenado y amable en el que vivía; Lotario busca en la guerra la muerte que redima su traición al amigo; Camila muere a los pocos días, víctima de sus remordimientos. Los tres son culpables, pero su muerte no la provoca la venganza sino su sentido de la moralidad como amigos o esposos: es decir, la honra aquí no es nada que se exhiba en la plaza pública, como en el teatro barroco español, sino algo íntimo, basado en la no traición al otro. Nada de gritos y grandes escenas. Cervantes ha jugado tanto con la moralidad española oficial sobre el honor como con la propia estructura del género para llevar siempre el agua a su molino.
Por otra parte, no es tan claro que no tenga nada que ver la historia del curioso impertinente con la de don Quijote: ambos, en su locura, pretenden que el mundo se rija por unas normas que no son las reales, las cotidianas. Ambos quieren forzar al mundo a comportase de una manera en la que no puede hacerlo. Claro, las soluciones son diferentes: por la extensión de ambas historias y porque en el hidalgo funciona un afán de juego que no existe en el comportamiento patológico del florentino. Es curiosa la insistencia de Cervantes, en su narrativa, presentándonos personajes que interpretan el mundo a partir de la extravagancia de su locura o carácter. La realidad, por supuesto, terminará imponiéndose pero no sin quedar afectada y evidenciada.
Antes de terminar la lectura de la historia del curioso impertinente, ésta queda interrumpida momentáneamente al inicio del capítulo por la reaparición de Sancho, que viene a dar cuenta de que su amo ha matado al gigante enemigo de la princesa Micomicona. Obsérvese la complejidad estructural:
- la historia principal -la de don Quijote- se convierte en historia intercalada de la que es, en verdad, historia intercalada (El Curioso impertinente) y nos desagrada su reaparición porque retarda el final de ésta;
- se introduce una escena altamente cómica -don Quijote, dormido, medio desnudo (véase cómo subraya este hecho, tanto en la descripción física del personaje como en la reacción de Dorotea), dando cuchilladas a unos cueros de vino creyéndolos un gigante; el ventero y su mujer enojados por la nueva pérdida económica provocada por el caballero loco; Sancho buscando con desesperación la cabeza perdida en la que necesita creer para no perder su condado- que contrasta con el final dramático que ya adivinamos para el Curioso impertinente.
La aventura de don Quijote contra estos cueros de vino, tiene una doble función. Por una parte, como hemos señalado, suspender la lectura de la historia intercalada para provocar la ansiedad del lector y contrastar con ella por su comicidad; por otra, solucionar el enredo por el que se había conseguido sacar a don Quijote de la sierra y permitir que las historias cruzadas de Dorotea y Cardenio puedan seguir enredándose sin la urgencia que tendría don Quijote para ir al reino de Micomicón en el caso de no haber matado al gigante en sueños.

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