De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



viernes, 21 de enero de 2011

El robo del rucio.

Un poco más adelante leeremos, de pronto, que a Sancho le han robado su fiel rucio y que lo recupera sin que se nos haya narrado el robo. Este hecho es pronto advertido por los lectores de 1605, e incluso Lope de Vega hace escarnio del error.
Para solucionarlo, en la segunda edición, también de 1605, se introduce un breve texto -que la mayoría de los expertos piensan que es de Cervantes, aunque algunos se lo adjudican al editor- al inicio del párrafo del capítulo 23 que comienza "Así como don Quijote". En unas cincuenta líneas, se cuenta cómo, en una noche que pasan en la sierra antes de encontrarse con Cardenio -noche que no encontraréis aquí los que leáis el texto de la primera edición-, Ginés de Pasamonte roba el asno de Sancho. Tiene su lógica: el galeote necesita una forma más rápida de escapar y redondea su ingratitud con los que le liberaron robando el asno. Sin embargo, bien al editor, bien a Cervantes, se les olvidó corregir con detenimiento el resto del texto y, poco después, vuelve a afirmarse que Sancho va montado sobre su asno para que éste vuelva a desaparecer y ser encontrado sin más explicaciones y dejando al lector perplejo.
En la tercera edición, de 1608, vuelven a introducirse más modificaciones intentando aclarar el lío creado, sin corregir tampoco con cuidado todo el texto, con lo que se sigue complicando la situación.
Y, por si fuera poco, en la Segunda parte de 1615, el personaje de Sansón Carrasco alude a todas estas cuestiones criticando el descuido, a lo que responde Sancho con una historia descabellada sobre la desaparición del asno -ya lo veremos- y cuestionando la veracidad de lo narrado en la Primera parte. Es decir, en un rasgo genial de aprovechamiento de la historia editorial de su propia novela, Cervantes introduce los errores de la primera edición como parte del argumento y los utiliza para fomentar las dudas sobre la figura del narrador.
De todo ello, los cervantistas han deducido varias cosas.
En primer lugar, la premura con la que se realiza la impresión final de la primera edición: posiblemente sin la presencia del autor en los últimos momentos. Hoy en día se cree menos en la afirmación tradicional de que Cervantes era muy descuidado y no corrigió con celo su texto. Puede haber algo de eso, pero quizá todo se debió al poco tiempo en el que se realizó el trabajo final de impresión -ya hemos hablado de esta cuestión- y a que no se encontrara en Madrid.
Ahora bien, aun hay que explicar qué pasó para que se provocara esta confusión. Según algunos, Cervantes decidió eliminar, en algún momento de la corrección del texto, todas las referencias al robo del asno. No le debía convencer cómo había quedado resuelta ni la forzada intervención de Ginés. Sin embargo, se olvidó de suprimir todos los pasajes sobre esta cuestión y el resultado fue incoherente. A mí siempre me ha parecido muy traída de los pelos esta explicación. En primer lugar, porque Cervantes necesita que Sancho no tenga su asno para que deba usar a Rocinante cuando don Quijote decide retirarse a meditar medio desnudo y haciendo cabriolas -lo veremos un poco más adelante-. En segundo lugar, porque eliminar la historia del robo del asno y no darse cuenta de todas las demás alusiones me parece mucho olvidar.
Tampoco podemos achacar los errores al impresor: son demasiado significativos. Toda la sucesión cronológica del intento de corrección en las ediciones siguientes y su explicación final en la Segunda parte, pueden aclarar, además, las fechas de redacción del texto.
Me han parecido siempre más ajustadas las explicaciones que parten de un cambio en la estructura del texto. Según éstas, Cervantes, en un momento determinado, decidió estructurar el texto por capítulos y no por partes -ya hemos mencionado aquí este asunto y la primera vez que se menciona el concepto de capítulo-, con lo que introdujo algunas modificaciones en la materia narrativa para equilibrarla ante la nueva fórmula. En consecuencia, se vio afectado el lugar de la historia que aquí comienza, la de Cardenio a la que Cervantes decidió alejar de la historia de Grisóstomo y Marcela, junto a la que se encontraría inicialmente (sería mejor decir que la historia de Grisóstomo y Marcela se anticipa varios capítulos a su lugar primero). Al modificar la narración y borrar de ella la presencia de Ginés, puesto que no debía aparecer hasta capítulos después, no percibió que quedaba sin explicar el robo del asno. Éste, según algunas interpretaciones, tuvo lugar en la noche de la estancia entre los cabreros que hemos visto capítulos atrás y no en una noche ocurrida tras la aventura de los galeotes -que sería inventada a posteriori, en la segunda edición, para solucionar el error.
Por lo tanto, lo más correcto es pensar que el cambio en la estructura y la nueva disposición de algunas de las aventuras para equilibrar el resultado, trajo consigo que algunos pasajes se trastocaran y se suprimieran a la espera de una revisión final que nunca tuvo lugar.
Así que, según la versión del Quijote que leáis, podéis encontraros con hasta tres formas -si no más, por la graciosa intervención de editores modernos que desean dar sus propias soluciones- de contar la desaparición del asno de Sancho. La mejor, sin embargo, será la del propio Cervantes en la Segunda parte.

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