De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



martes, 11 de enero de 2011

El género pastoril El tiempo de la narración

En este capítulo, da comienzo una aventura de don Quijote diferente a las anteriores: ahora no se trata de que lo veamos hacer extravagancias al querer vivir como caballero andante novelesco en el mundo real. Cervantes introduce a su caballero paródico en otro de los mundos narrativos más populares desde el siglo XV: el pastoril. Esta modalidad, que había abordado en su primera novela, La Galatea (1585), ejerce en Cervantes una atracción permanente puesto que tuvo intención siempre de hacer la segunda parte de aquella novela primeriza, lo abordó en La gitanilla desde una perspectiva original y será una constante de El Quijote desde este capítulo hasta el final de la novela. En todas las ocasiones mencionadas, Cervantes toma la modalidad para llevarla más allá de sus límites, convertirla en algo nuevo y jugar con sus intersecciones con otras modalidades narrativas y con la realidad.
Tenemos pues, una parodia de la literatura pastoril a partir de la introducción del realismo de los cabreros dentro de una parodia de la novela de caballerías. De aquélla proceden los recursos técnicos con los que se juega: estatismo de la acción, discurso e introducción de canto. De ésta, el elogio de la función de los caballeros andantes en una edad que dista tanto de la dorada. De su tratamiento con las dosis de realismo: la comida rústica y las referencias al vino bebido; el que los cabreros, como tales, no puedan entender a don Quijote, necesiten dormir y sepan remedios tradicionales de cura tan alejados del fantasioso bálsamo de Fierabrás.
El tiempo de la narración del Quijote (de las dos partes) trascurre en un verano. Aunque hay ciertas licencias con la coherencia temporal, Cervantes nos lleva de la mano por la geografía española, desde La Mancha hasta Barcelona (y vuelta) en esos meses. El final de la obra será también el final de ese verano (casi como símbolo de la aventura). De hecho, el ocio de la corte de los Duques de la Segunda parte se justifica por esas vacaciones estivales. Esta circunstancia determina las actividades laborales presentes en el Quijote -o ausentes, mejor dicho-, además de ciertas características de la sociedad española del momento.
Ddon Quijote deambula, cargado con su anacrónica armadura, bajo el sol duro de La Mancha. Aunque el paisaje no era exactamente el actual (había más arbolado que hoy, a pesar de las talas debidas a las aventuras marítimas españolas como la Armada invencible y la inquina que siempre ha tenido el español a todo lo que se parezca a un árbol) y el clima era más suave (se sabe que la llamada Pequeña Edad de Hielo, que duró desde el siglo XIV al XIX, hizo descender las temperaturas medias en verano, aunque no tanto como sugiere el nombre de esa época climática, más notable en sus efectos en invierno), el calor debía notarse por esos caminos.

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