De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



lunes, 31 de enero de 2011

La novela corta a la italiana. Receta cervantina.

La inserción de la Novela del Curioso impertinente es una de las más traídas y llevadas de la Primera parte del Quijote.
En efecto, Cervantes lo hace de tal manera que no puede más que sorprendernos porque parece que no tiene nada que ver con el resto de las historias intercaladas.
Pero no es así. Esto despista sólo a los lectores que se fijan en exclusiva en la trama, pero no en la propuesta narrativa que la acompaña. El Quijote, como hemos visto, es, en gran medida, un compendio de las formas narrativas más importantes de su época. Y ese catálogo no estaría completo sin una de las de mayor prestigio: la novela breve a la italiana, aquella que tan bien cultivó, por ejemplo, Boccaccio. Y eso es esta novelita.
En segundo lugar, el Quijote es también una medida síntesis de las formas en las que podemos recibir una ficción narrativa: desde el juego imitativo del hidalgo, hasta la de los que escuchan la lectura porque no saben leer. Por eso, Cervantes necesitaba introducir una novela para ser leída en voz alta.
En tercer lugar, el Quijote es un juego retórico con las formas de amor que existían en las modalidades narrativas que parodiaba. Y le faltaba ésta de la mujer que engaña doblemente a su marido: cediendo a la pasión amorosa (con su mejor amigo, nada menos) y burlándole en una comedia.
Pero en ninguno de esos casos, ya lo sabemos, Cervantes acepta sin más la materia que le viene dada por la tradición.
Así, cada vez que se aproxima a una forma de narración, la gira para modificarla desde dentro. Lo estamos viendo con la novela caballeresca, la pastoril, la folklórica, etc. Ahora le toca el turno a la novela italiana urbana: Cervantes le da un doble final. A la jovialidad renacentista de los modelos, él le va a dar un giro barroco, como veremos.
A la forma de aproximarnos a la recepción, jugará con el concepto de inserción: nosotros, lectores, leemos en segundo plano, porque quienes leen son los personajes que veníamos siguiendo. Son ellos los que disfrutan de la lectura, los que la valoran incluso antes de que nosotros podamos hacerlo.
Por último, al juego amoroso de esta modalidad, tradicionalmente misógina, le añade un punto nuevo Cervantes que no estaba en el origen: Camila cede tras intentarlo todo, incluso tras escribir a su marido ausente. Camila cede sobre todo por la estupidez de Anselmo, no por debilidad propia: si Anselmo pretendía demostrar el tópico sobre la fragilidad de la mujer, lo único que ha demostrado es su propia enfermedad (los celos) y las consecuencias de su propio comportamiento. En una lectura moderna, podríamos decir que Anselmo se lo tiene bien merecido. Además, Camila, gracias a esa pasión a la que se entrega, puede desarrollar facetas suyas que la completan como personaje.

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