De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



domingo, 30 de enero de 2011

Nuevos lectores en el siglo XVI

La novela impresa creó un nuevo tipo de lector, más privado y solitario, con todas las connotaciones que eso implicaba: descubrió, sin duda, lo que hoy llamamos el placer de leer. Cervantes también escribe para este público.
Desde el Prólogo (Desocupado lector) o la creación de su personaje protagonista (don Quijote lee a solas, de noche y de día, de forma compulsiva, encerrado en su biblioteca).
Dorotea, en su relato inicial se dibuja como una mujer honesta en todo su comportamiento, forzada a entregarse a un hombre que le mentía y utilizaba. Dijo de sí misma que, después de entregarse a todo tipo de trabajos en la hacienda de su padre:
Los ratos que del día me quedaban, después de haber dado lo que convenía a los mayorales, a capataces y a otros jornaleros, los entretenía en ejercicios que son a las doncellas tan lícitos como necesarios, como son los que ofrece la aguja y la almohadilla, y la rueca muchas veces; y si alguna, por recrear el ánimo, estos ejercicios dejaba, me acogía al entretenimiento de leer algún libro devoto, o a tocar una arpa, porque la experiencia me mostraba que la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu. Pero he aquí que, en cuanto coge confianza y se le pide ayuda para engañar a don Quijote con tan buen propósito como el que llevan el cura y el barbero, se confiesa lectora apasionada de novelas. no sólo de libros devotos y por eso propuso:
que la dejasen el cargo de saber representar todo aquello que fuese menester para llevar adelante su intento, porque ella había leído muchos libros de caballerías y sabía bien el estilo que tenían las doncellas cuitadas cuando pedían sus dones a los andantes caballeros.
Y no sólo lectora, sino que sabe muy bien cómo actuar, con gran desparpajo -obsérvese cómo el narrador señala con un guiño que, cuando se acerca don Quijote, Dorotea se apea de la mula con grande desenvoltura-. Es magnífica y divertida la forma en la que Cervantes contradice las palabras iniciales de su personaje, con lo que lo dota de más credibilidad y humanidad: supera y anula, por lo tanto, los modelos literarios femeninos en los que se basa, los moderniza y los trae hacia la realidad.
No sólo eso: da testimonio inteligente de un dato. Cuando un libro entra en la intimidad de un gabinete, la mujer que sabe leer será su gran aliada. De ahí la insistencia de los moralistas y sacerdotes sobre las lecturas de las mujeres hasta el siglo XIX. Algo similar a Cervantes, hará Clarín, cuando en la Regenta nos construya una lectora sentimental en Ana Ozores para, con ella, superar sus modelos y denunciar la hipocresía de una ciudad de provincias de la España del momento.

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