De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



martes, 25 de enero de 2011

XXVIII

Cervantes nos vuelve a sorprender en el comienzo de esta Cuarta parte. Recordad que ya hablamos, en su momento, de las razones de esta partición y de cómo a esta cuarta parte le tocaba la complicación máxima del enredo y la solución verosímil cuando parecía imposible deshacer el nudo. De ello hace gala -con una autosatisfacción irónica-, en las primeras líneas:
los cuentos y episodios della, que, en parte, no son menos agradables y artificiosos y verdaderos que la misma historia; la cual, prosiguiendo su rastrillado, torcido y aspado hilo
Cervantes se dispone a jugar con las expectativas del lector, que espera ansioso la solución de la historia y no su complicación. Es un alarde técnico que busca el interés en la recepción del texto: a partir de ahora ya no es sólo que nos interesen las locas aventuras de don Quijote sino que el libro no se nos puede caer de las manos, tan atrapados como quedaremos en la madeja.
Ya hemos visto este recurso antes en la novela, pero es ahora cuando revienta las costuras de la narración tradicional. Si cambiamos el punto de vista desde el que contamos una historia, la podemos ampliar, revisitar e incluso rehacer. Cervantes decide que puede complicar más la historia amorosa contada por Cardenio y, para ello, juega con las perspectivas dando la voz a diferentes narradores. Por ahora, los privilegiados oyentes son el cura y el barbero. A ellos se les suma el mismo Cardenio, voz anterior que se convierte en público de la historia de su propia desgracia cuando la narra, desde otro ángulo, Dorotea: ella es la labradora seducida por Fernando antes de que le traicione y le arrebate a Luscinda.
Ésta es un personaje muy interesante, construido con elementos propios de la literatura -su gran belleza, el disfraz de varón con evidente carga erótica, el rubio de sus cabellos, el simbolismo sexual de sus pies en el arroyo (dentro del agua, lo que simboliza para el lector avisado que ya no es virgen) y del peinado de su melena, etc.- con otros sacados del contexto social -es hija de un labrador rico de Andalucía, honrado, pero inferior en la escala social y temeroso de la nobleza; mujer acosada por un varón que no tiene frenos ante su desmedido apetito sexual y que usa de todo tipo de artimañas y mentiras.
No es de extrañar que los tres hombres queden impactados por su historia de amores desgraciados. En especial, Cardenio, que ve, en esta mujer, cómo se completan las piezas que él no conocía y que confirman el carácter de Fernando, además de dar noticia de la boda de éste con Luscinda.
Pero Dorotea es más: es la afirmación de un carácter decidido y fuerte frente al indeciso Cardenio, la forma de rehacer la historia: ella ha ido a buscar a quien la afrentó, dispuesta a recuperarlo o vengarse, ha vencido y evitado los intentos de abuso de otros dos hombres. Cervantes avanza en la construcción del personaje femenino moderno. Y, aunque se extraiga de un ambiente pastoril -el disfraz, el paisaje, el estatismo de la historia que se narra y no vemos-, lo matiza hasta negarlo: es una mujer real, firme y que sufre en un mundo de hombres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario