De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



martes, 8 de febrero de 2011

Capítulo LXI

En gran medida, el relato del cautivo se transforma, en este capítulo, en el de la fuga de Zoraida, la hija de Agi Morato. Todo gira en torno a su figura, que llama la atención de todos los que la conocen, como lo hizo nada más llegar a la venta.
El cautivo explica los pormenores del caso (aunque, al final, dice que ha callado alguna circunstancia por no enojar a los que le escuchan), pero siempre la figura de la joven está presente.
Ya sabemos que fue ella quien, con su decisión, le escogió no sólo para marcharse a tierras cristianas sino también como futuro esposo. Ahora se nos relata cómo se conocen y él queda prendado de su hermosura. Con la excusa de recoger unas hierbas para una ensalada, entra en el jardín de Agi Morato y hace que sea el propio padre –convertido así en personaje de comedia bufa- el que traduzca a su hija frases con doble significado sobre los planes de fuga y los avatares sentimentales de ambos (en especial a ella le interesa conocer si él está o no casado en su tierra).
Cuando ponen en marcha el plan, ella aparecerá, previsora, cargada de joyas y un arcón con dinero. Ayudados por otros cautivos y el renegado, se hacen con una barca a la que deben subir tanto al padre –que aparece en el momento más inoportuno-, como a otros moros a los que, finalmente, abandonan en tierra africana antes intentar el salto a España.
En todo el capítulo hay un substrato de circunstancias contemporáneas que le dan una fuerte verosimilitud y que son parte esencial del efecto que consigue: el lenguaje marinero, la amenaza de barcos corsarios, las distancias a Mallorca o la Península, la noche y los vientos que empujan el barco a la costa, la aparición en mitad de la noche de unos corsarios franceses que los apresan, la llegada a tierras españolas y a la aparición de la caballería que protegía la costa de incursiones turcas, etc.
Sobre estos motivos verosímiles, se construye la trama de la fuga. En ella destaca la entereza y decisión de Zoraida, el carácter tragicómico de su padre, el comportamiento caballeresco de los cautivos y el renegado o, incluso, el comportamiento de los corsarios franceses. No hay que olvidar el reencuentro de uno de los compañeros de fuga con su tío, en Vélez Málaga, y la honestidad del trato entre cautivo y mora (sirviéndola yo hasta agora de padre y escudero, y no de esposo).
Observemos cómo Cervantes teje el relato del cautivo sobre un fondo muy real para transformarlo en una historia de aventura, religión y amor en el que triunfa el ideal por encima de las dificultades: una proyección optimista, sin duda, que sería del agrado de sus lectores.

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