De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



miércoles, 9 de febrero de 2011

Cervantes, autor.

Cervantes se menciona como autor de otras obras en el Quijote. Ya vimos cómo, en el escrutinio de la biblioteca del hidalgo, apareció un ejemplar de su novela pastoril La Galatea.
Cuando el ventero entrega al cura el manuscrito del Rinconete y Cortadillo, la intención es otra que cuando se menciona La Galatea en el escrutinio. Ahora se cita un texto no editado y que no pasará a la imprenta hasta 1613, años después de la primera edición del Quijote. Sabemos que el texto circuló manuscrito, al menos, a partir de 1606, fecha del manuscrito de Porras de la Cámara, en donde la obra se tituló Novela de Rinconete y Cortadillo, famosos ladrones que hubo en Sevilla, la cual pasó así en el año de 1569. Es interesante cotejar el texto basado en el manuscrito con el de la primera edición.
El manuscrito, elaborado por el racionero de la catedral de Sevilla, Francisco de Porras, es una miscelánea de textos compuesta para la lectura, en tiempos de ocio, de su amo, el cardenal arzobispo de Sevilla, Francisco Niño de Guevara. Lo tituló Compilación de curiosidades españolas y en ella se incluían La tía fingida (atribuida a Cervantes), Rinconete y Cortadillo y El celoso extremeño.
Manuscritos como éste eran habituales en la época, en la que muchos textos tenían una abundante circulación anterior a la impresa. Se destinaban a la lectura privada pero se prestaban para su copia. Fue encontrado en 1788 por Bosarte, quien lo copió para editarlo, y tiene una historia singular, como tantos papeles en España.
Robado del Colegio de San Isidro, en donde se encontraba, para su venta, lo halló en 1820, en una librería de viejo, el conocido bibliófilo -algunos opinan que bibliófago- Bartolomé José Gallardo, que lo perdió, junto a otros papeles y libros muy valiosos, al huir de la reacción absolutista el día de San Antonio, 13 de junio de 1823. Los papeles fueron quemados o arrojados al río (la historia de estos papeles de Gallardo es muy confusa) por una masa popular que se había levantado contra los liberales en defensa del absolutismo. O sea, que por estas circunstancias tan habituales en la cultura española, un manuscrito esencial para recomponer la historia editorial cervantina, se ha perdido para siempre y sólo podemos trabajar a partir de copias que se hicieron de él y referencias de quien lo tuvo en su mano. Por estas copias, sabemos de las divergencias entre los textos del manuscrito y los definitivamente editados por Cervantes en 1613, mucho más ajustados a la moral oficial.
Por lo tanto, la mención en el Quijote de una obra no editada nos sitúa ante un Cervantes que tenía un material inédito compuesto, en esencia, por obras dramáticas y muchas de las novelas que se imprimirán en la colección de Novelas ejemplares. El Quijote fue la forma de romper su alejamiento de la imprenta durante tantos años. Imaginemos a Cervantes, consciente de la trascendencia de lo que tenía escrito y viendo cómo envejecía sin saber si podría imprimirlo.

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