De la memoria no del texto.

Quieren decir que tenía el nombre de Quijada o Quesada...por conjeturas, verosímiles, se deja entrever que se llamaba Quijana.



martes, 8 de febrero de 2011

Eros

En el Quijote encontramos también un arte amatoria. Ya hemos visto cómo muchos de los relatos intercalados presentan el amor según su género literario y cómo en varias ocasiones la realidad se introduce en toda su fuerza. Recordemos a Maritornes buscando al arriero previo pago, pero también a la engañada Dorotea.
En el capítulo de esta semana hemos visto otro de estos fragmentos del muestrario de amor. Entre la literatura y la realidad, Cervantes nos ha presentado el amor adolescente de una parte de la sociedad de aquellos tiempos: dos jóvenes que no saben cómo relacionarse y se ven a hurtadillas de ventana a ventana. Clara está encerrada, como era habitual en la época, pero aun así, a pesar de todo el celo puesto por el padre, la naturaleza se abre camino: no sabe lo que es el amor, pero ama y desea. Y se muestra a la ventana. Y no quiere escuchar la voz de su amado, pero no hace nada para que lo alejen. Su inexperiencia impone la presencia de una tercerona: Dorotea.
Cervantes nos muestra luego a don Quijote, proclamando su amor por Dulcinea, pero sin perder la oportunidad de introducir su mano por un agujero (¡qué forma de alusión indirecta!) para poder tocar a la joven hija del ventero. Queda colgado por burla de Maritornes, pero no escarmentará.

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